Felicidad intuitiva

Estoy en un tren camino a Braunschweig, una ciudad a unos 150 km de Berlin, o más. Es mi lugar de trabajo, para los lunes y viernes. Los martes y jueves, me encuentro en Hannover, 200 km desde Berlín, o más. Se trata de media hora más de viaje en tren, siempre voy en tren, no me gusta ir en coche. Y menos con estos temporales, en donde la nieve se aposenta como si pensara que siempre hubiera pertenecido aquí, en tierras germánicas casi septentrionales...
El peor día es el miércoles, que voy a Kassel, son 300 Km, o más. Dos horas y media de viaje, cinco horas para ir y volver, para trabajar tres. Si no fuera por algunas... pequenyas personas; pequenyos hombres y pequenyas mujeres, con sus sentimientos y manera de pensar, una manera de ver el mundo que con el paso del tiempo se va desvaneciendo, con el paso de los anyos, se pierde, esa pureza y felicidad intuitiva, ese sentido desorbitado para nosotros de la justicia y la camaraderia. Algunas de estas pequenyas personas me traspasan su poder, su visión; así me mantengo con mis trece, resignado a ciertos aspectos sociales y disfruto a ratos de esa capacidad, la felicidad intuitiva, la dicha de ser feliz simplemente porque uno quiere serlo, sin por ello tener que esperar nada a cambio...
Qué paisaje más bonito, por un momento me imagino que solo por eso vale la pena hacer estos viajes, por el paisaje. Pero luego me desenganyo, y pienso que no, que no lo vale...
Decía que si no fuera por esos pequenyos y simpáticos monstruos, no me sentiría satisfecho de mi trabajo. !Qué desdicha hacer depender mi satisfacción personal y con ello parte de mi felicidad a criaturas inmaduras y todavía por crecer y aprender!
Pero no, no es así, eso es simplemente lo que parece, en el fondo, es uno mismo el que decanta el intercambio entre profesor y alumno hacía una dirección u otra. Depende de mí, conseguir que esas pequenyas personas se sientan libres de expresar esa felicidad intuitiva, curiosidad intrínseca a su estado de aprendizaje...
Escribo porque me gusta, me gusta escribir, me gusta que me lean y sin saber si es costumbre entre otros, me gusta leerme, no solo cuando hace mucho tiempo de lo escrito y uno ya no se acuerda del post, sino incluso pocos días después ya puedo desfrutar plenamente de leerme. Puede sonar egocéntrico sin por ello creerme un buen escritor. También me gusta escribir sin corregir, ni cambiar frases ni palabras; así consigo mejor la sensación que quiero tener cuando me leo... Finalmente me gusta repetirme, darle mil vueltas a las cosas, formularlas de diferentes maneras, diferentes perspectivas. Yo me leo porque soy yo, leo a mi mente desde fuera, y aprendo de mí.
Pensándolo descubro que mi blog para los demás no es para visitar amenudo, sino de leer una vez cada mucho, sino empalaga y se torna incómodamente repetitivo a los ojos de los demas... no para mí.
Una vez alguien me dijo que soy un diamante en bruto, que solo falta pulirme. De esto ya hace mucho, quizás diez anyos. Fue en un partido de baloncesto. Entonces pensaba que sí lo era, un diamante.
Ahora a veces me conformo con ser uno, uno de ellos, ni que sea "en bruto"...
Joel

0 Comments:
Kommentar veröffentlichen
<< Home